dissabte, 28 d’abril de 2018

Diumenge 5 de Pasqua - 29 d'abril de 2018


Juan 15,1-8

Jesús, en estas palabras de despedida, insiste en la idea de permanencia como de una necesidad para los discípulos. Una necesidad para que la vida de los discípulos no sea estéril, para que no sean unas vidas que no sirven para nada.

Se trata de un imperativo para todo aquel que quiera estar cerca de Jesús. Cerca de la vida. Permanecer en Jesús, mantenerse fieles y firmes. Permanecer en la semejanza a la forma de vida de Jesús , en sus preferencias, en todo lo que a él le importaba.

A menudo, los creyentes conocen las palabras de Jesús, sus gestos, sus acciones, pero  todo ello queda relegado al plano del intelecto, del estudio, del debate… sin tener un efecto vital. Cada creyente ha de ser un pámpano de la vid. Se trata de una consideración desde el punto de vista de su fruto: si queremos dar fruto debemos permanecer en él.

Se trata, pues, de cultivar los lazos establecidos por la obediencia y el amor, de manera la vida de Jesús (yo en vosotros) pueda ser experimentada como una realidad consciente, responsable y vívida.

Permaneced en mí, y yo en vosotros. Se pone de manifiesto que el principio de esta relación (permanecer) es el amor. El amor de Jesús que reproduce el amor del Padre y desemboca en obediencia por parte de los discípulos, que es el fruto que dan los sarmientos.
 La alternativa, el intento de dar fruto fuera de esa relación, no da nada.


Pastor Juan Medrano

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