dissabte, 29 de setembre de 2018

Diumenge 26 de durant l'any - 30 de setembre de 2018


Marc 9:38-43.45, 47-48

L'escena que ens presenta Marc té una profunditat que pot passar desapercebuda i només es pot captar el seu significat des d'una lectura atenta i sincera. Els deixebles s'acosten a Jesús amb una situació que els genera confusió, el portador del grup no és Pere, sinó Joan, un dels dos germans preocupat per cerca els primers llocs. Estan preocupats i sobretot molests, un exorcista, que no pertany al grup, està expulsant dimonis en nom de Jesús. Joan amb rotunditat exclama: “No és dels nostres”. El text grec diu: “perquè no ens segueix a nosaltres”. Aquest petit matís ens permet endinsar-nos en la interioritat dels deixebles, en les seves creences més íntimes. Els deixebles donen per descomptat que, per actuar en nom de Jesús i amb la seva força sanadora, cal ser membre del seu grup. Per això, Jesús respon amb contundència: "No l'hi impediu". La salvació de Jesús no té límits, traspassa i s'estén més enllà d'aquell grup de deixebles.

Avui l'Evangeli ens interpel·la a mirar en la profunditat del nostre cor, a reconèixer que a molts de nosaltres ens costa, i de vegades ens molesta, entendre que el Regne de Déu es manifesta i actua més enllà del nostre grup. Jesús no vol que entre els seus seguidors es parli dels que són nostres i dels que no ho són, els de dins i els de fora, els que poden actuar en el seu nom i els que no poden fer-ho. La seva manera de entendre la realitat és diferent: "El que no està contra nosaltres està a favor nostre". Assumirem les seves paraules i treballarem per una Església de “portes obertes”? Que el Senyor ens ajudi. Amén.

Germán López-Cortacans
Fe i Llum, Tarragona



dissabte, 22 de setembre de 2018

Diumenge 25 de durant l'any - 23 de setembre de 2018



MARCOS, 9:30/37
Jesús enseña sobre el reino y vuelve a anunciar su muerte, 9:30–32

Jesús continúa su camino por Galilea. No es de extrañar el interés por parte de Jesús de que no se sepa que se encuentra en la zona, pues ya es muy conocido.
Jesús está más interesado en la formación de sus discípulos, pues siendo los más próximos a él, no acaban de aceptar el anuncio del sufrimiento y muerte como vías para el cumplimiento escatológico del propósito divino.
Además, acaban de fracasar en el intento de sanar a un joven endemoniado, debido a su falta de fe y oración. Así esta es una nueva oportunidad para seguir enseñando a sus discípulos, recuperando los énfasis en su pasión, muerte y resurrección, surgidos ya en la discusión con Pedro, tras confesar a Jesús como Mesías y la trasfiguración.
Las palabras de Jesús subrayan el sufrimiento del Hijo del Hombre, su muerte, y su resurrección.
La figura del Hijo del Hombre, según Dan. 7:13/14, los discípulos no tienen problema en aceptarlo.
Pero su padecimiento, según Isaías 53, se convierte en un gran problema, porque el Hijo del Hombre será llevado a la muerte por hombres, no los líderes religiosos o de los gentiles sino de hombres en general, que no han alcanzado a entender ni aceptar su mensaje.
Los discípulos no consiguen aceptar que todo esto sea parte del plan preordenado por Dios para alcanzar su objetivo final, establecer su reinado en la tierra.
Lo que crea un problema no es la comprensión en sí del hecho de que Jesús sería muerto, sino la aceptación de esta realidad que rompe con todas las ideas preexistentes acerca del carácter del Mesías.
Posiblemente los discípulos recuerden la reacción de Jesús con Pedro cuando le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! (Mr. 8:33), debido a su intento de reconvenirle por sus palabras sobre su sufrimiento y muerte.
Así es que callan tras el nuevo anuncio de su muerte. Tienen miedo.
Es el resultado de la situación espiritual y emocional de los discípulos que son incapaces de asumir el mensaje de Jesús, mostrando corazones endurecidos (6:52; 8:17) y sin entendimiento (8:21).
Probablemente temen el enfado de Jesús, conscientes de que es el momento para ellos de aceptarlo.
En conexión con este tema hay una enseñanza sobre lo que significa ser discípulo de Cristo.
Jesús enseña a sus discípulos que él es el Mesías, cuya verdadera misión consiste en sufrir y morir por su pueblo. El hombre no puede, bajo ninguna circunstancia modificar el plan que fue diseñado desde el cielo para la salvación de los pecadores.
Quién es el más importante, 9:33–37
El segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección (9:31) ha provocado miedo en los discípulos y les ha llevado a mantener una cierta distancia de él en el camino hasta llegar a Capernaúm.
Esta es la ciudad de Pedro, Andrés, Jacobo y Juan. Pero al llegar a la casa, probablemente la de Pedro (1:29; 3:19), Jesús muestra que conoce de qué han estado discutiendo entre ellos y les pregunta sobre el motivo de la discusión.
Son varios los motivos que han podido dar origen a la discusión entre los discípulos durante el camino.
Por ejemplo, la experiencia de la transfiguración fue vivida tan solo por tres discípulos privilegiados escogidos por Jesús (Pedro, Jacobo y Juan), quedando los demás al margen. Además, las enseñanzas acerca de la muerte de Jesús, por más que no fueran aceptadas de buena gana por los discípulos, van haciendo mella en ellos, por lo que se plantearía el tema de la sucesión en el liderazgo al frente del grupo.
El caso es que los discípulos se disputan entre ellos el liderazgo del grupo, intentando identificar al más importante.
Es curiosa la coincidencia de que en esa misma casa, asumiendo que es la de Pedro, se den dos situaciones relacionadas tan diferentes. La primera, tras la sanación de la suegra de Pedro por parte de Jesús, esta se pone a servirles (cf. 1:31), es decir, acepta un papel humilde y de servidumbre; la segunda, en este relato, la discusión versa sobre quién habrá de ocupar el primer lugar, en el grupo.
La primera lleva la relación con Jesús a una actitud agradecida y de servicio; la segunda, plantea una actitud competitiva y de ambición.
Marcos en dos ocasiones menciona que toda esta discusión se da en el camino, es interesante señalar el contraste entre el camino de Jesús, quien siendo el Mesías se dirige a la cruz, y el camino de los discípulos, que les lleva a buscar ser uno de ellos el primero, el que lidere.
Es otra circunstancia más en la que muestran sus reticencias a seguir el camino de Jesús, marcado por el negarse a sí mismo, la cruz y el seguimiento (8:34).
A pesar del silencio de los discípulos ante la pregunta, Jesús sabe el motivo de su disputa. Por ello se sienta, postura habitual de un maestro para enseñar, y les sentencia que para llegar a ser el primero hay que ser el último de todos y siervo de todos; que la humildad es mejor que la altivez; porque siempre es mejor que sean otros los que reconozcan la valía de una persona, a que sea ella misma quien se autopromocione.
Jesús evidencia la inversión de valores propio del reino de Dios, que alcanza sus objetivos por caminos contrarios a los de los hombres.
Es una enseñanza que coincide plenamente con la propia implantación del reino de Dios, que no pasa por la llegada de un rey poderoso que conquista y doblega a sus enemigos, sino que se ha acercado por medio del Mesías de Dios que alcanzará su propósito por medio del sufrimiento y de la cruz.
Jesús no acepta la búsqueda del lugar más importante entre ellos, quiere mostrarles de manera pedagógica y gráfica la forma de ser y actuar en el reino de Dios, que contraviene todas las expectativas de los discípulos, que invierte los valores socialmente aceptados, apreciando lo que otros menosprecian.
Jesús afirma que si alguno quiere ser grande, debe estar dispuesto a servir. Y esto no es algo teórico, conceptual, sino real, definitivo.
Para ello toma a un niño y lo pone en medio de los discípulos. El gesto afectivo de tomar al niño en sus brazos se podía interpretar incluso como un gesto de adopción.
Algunos se han preguntado quién es ese niño, e incluso han llegado a plantear si es hijo de Pedro, asumiendo que están reunidos en su casa. (?)
Lo cierto es que Jesús toma como muestra para su enseñanza a un niño, que en aquel tiempo era considerado de escaso valor, a veces, incluso, abandonado.
El término griego empleado aquí también puede significar esclavo, lo cual incide en la referencia en la época a personas poco estimadas.
Este es el ejemplo presentado por Jesús. Sus discípulos deben acoger a esos niños que son rechazados, no solo en un sentido metafórico, sino también literal, algo que fue una práctica común en la iglesia primitiva, especialmente acogiendo y cuidando de los huérfanos.
Pero más allá de la propia aceptación y cuidado de los niños, Jesús está invitando a sus discípulos, preocupados por ocupar posiciones de privilegio, a mostrar verdadero interés por los desfavorecidos, por los marginados y necesitados, y esto solo es posible si la comunión, la identificación con Jesús es total.
De ahí que la exhortación sea a recibir a alguien como ese niño en su nombre, en el nombre de Jesús, es decir, como si Jesús mismo lo estuviera haciendo.
La imagen adquiere mayor fuerza cuando Jesús afirma que quien actúa de esta manera, le está recibiendo a él mismo, en un ejemplo de identificación con los más necesitados y desfavorecidos.
Cada vez que reciben a un niño, a un marginado, a Jesús reciben. El énfasis final es mayor, si cabe, porque recibiendo a Jesús reciben al que le envió (8:31; 9:12).
Cuando reciben a un niño, reciben a Dios mismo.

Pastor Miquel García Angosto





diumenge, 16 de setembre de 2018

Diumenge 24 de durant l'any - 16 de setembre de 2018



(Mc 8, 27-35)

Com podem convèncer als homes i dones d’avui, que refusar les alegries que ens procura la vida que vivim és l’únic camí que pot obrir les portes del cor i accedir a la veritable vida... Que acceptar les ‘paraules dures’ de l’Evangeli és acceptar rebre el bàlsam espiritual per suportar i guarir les ferides de la nostra ànima, de les nostres vides, que cap altre remei d’aquest món guareix... que la contrició és necessària perquè obre la veritable humilitat, no als ulls dels homes, sinó davant de Déu, el nostre Senyor, Creador i  Redemptor... El nostre món busca paraules amables, suaus, tendres... i tanmateix som cada cop més conscients de què les ferides que patim són profundes i gairebé mortals...
‘I els manà fermament que no parlessin amb ningú d’això’
Nostre Senyor havia passat quasi bé tres anys ensenyant als deixebles, amb la paraula, les obres, l’exemple, fent-los col·laboradors seus i donant-los poder per guarir malalts i expulsar dimonis. ¿No els havia ja mostrat clarament que Ell era el Fill de Déu, el Messies que esperava Israel? Quin és el motiu d’aquesta prohibició de proclamar la veritat? La dura i sorprenent paraula a Pere ens ho fan entendre: ‘Fuig del meu davant, Satanàs!’ L’Apòstol Pere davant la pregunta ‘i vosaltres qui dieu que sóc?’ li proclama Fill de Déu, avançant-se als altres deixebles. Com és que tot seguit l’aparta del seu costat amb aquesta frase tan dura?
Sí, el mateix Pere, davant de l’anunci del Senyor de la seva passió i mort, cau en la temptació i es deixa portar per una manera de pensar carnal, volent impedir els sofriments del Mestre i buscant les felicitacions per la seva actitud. Aquest pensament i aquest desig –humanament lloables–, són qualificats de Satanàs pel Senyor!
A prop ja de la seva passió i mort a la Creu, arriba també el final de l’aprenentatge i la instrucció dels deixebles que els faria capaços de suportar el que vindria més tard, de mantenir-se ferms, de passar les darreres proves i estar en disposició de predicar l’Evangeli a tot el món.
Els deixebles encara havien de passar les proves de Getsemaní, del Gòlgota, del sepulcre; i encara l’abandonament, deu dies després de la seva Ascensió! Nosaltres, si volem seguir el camí del Crist, no basta un fe de paraula, ni tan sols d’obres... Confessar que Jesús és el Crist, el Fill de Déu, el Messies Redemptor, no sembla ser suficient per obtenir la Salvació... també els dimonis el reconeixien i tremolaven!
Acceptar la Creu, acceptar perdre la vida per Ell i per l’Evangeli –l’anunci joiós– és la prova definitiva del nostre amor, de la nostra decisió ferma i inamovible, la nostra acceptació irrevocable de la Seva promesa.
Refusar-se un mateix, fins a la mort és seguir-lo, en el camí de la Creu, que certament és patiment pels nostres ulls carnals, però també és el camí de les virtuts, de la fortalesa, la paciència, la temprança, la humilitat i l’amor. Perdre el consol del món amb les seves alegries efímeres no tindria sentit si no fos per guanyar la Vida veritable. El camí de la Creu només té sentit i acompleix el seu objectiu quan es fa per Ell i amb Ell. No és la nostra salvació individual, és la col·laboració amb el Crist per a la salvació del món el que Ell ens té reservat. Col·laborar amb Ell és ser el seu testimoni, compartir amb Ell el camí de la Creu que du a la Resurrecció.
A l’Evangeli, sovint el camí del Senyor és preparat per ‘paraules dures’. Per exemple sant Joan Baptista anomena als fills del jueus ‘raça d’escurçons’. El P. Sofroni ho explica així: ‘per mitjà d’aquestes paraules, sant Joan exhortava i consolava el poble a través de la contrició que els aportaven. La contrició humilia el cor de l’home, i la humilitat obre el cor per rebre l’Esperit Sant, la gràcia del Paràclit, el Consolador, l’únic veritable consol de l’home’. Totes les ‘paraules dures’ es poden entendre a través de les paraules de sant Pau: ‘Qui és el qui m’alegra sinó aquell a qui jo entristiré?’ (2Cor 2, 2). De la mateixa manera que sant Joan Baptista, l’Apòstol du els seus fills espirituals cap a la contrició tot despertant en ells la consciència de què la seva vida no és com caldria. Els condueix cap a la humilitat, i per això cap a la gràcia. Perquè Déu resisteix els orgullosos i dona gràcia a l’humil (1P 5,5). (Recorda el teu primer Amor, Arximandrita Zacaries Zacaru).


P. Josep


divendres, 7 de setembre de 2018

Diumenge 23 de durant l'any - 9 de setembre de 2018



Comentari bíblic interconfessional. Diumenge 9 de setembre de 2018

Mc 7, 31-37

31 Jesús se'n va anar del territori de Tir i, passant pel de Sidó, arribà al llac de Galilea, després de travessar el territori de la Decàpolis. 32 Llavors li porten un sord, que amb prou feines podia parlar, i li demanaven que li imposés la mà. 33 Jesús se l'endugué tot sol, lluny de la gent, li ficà els dits a les orelles, va escopir i li tocà la llengua amb la saliva. 34 Després va alçar els ulls al cel, sospirà i li digué:
-- Efatà ! —que vol dir: «Obre't!»

35 A l'instant se li van obrir les orelles, la llengua se li destravà i parlava perfectament. 36 Jesús els prohibí que ho diguessin a ningú, però com més els ho prohibia, més ho pregonaven. 37 Estaven completament admirats i deien:
--Tot ho ha fet bé: fa que els sords hi sentin i que els muts parlin. Marc 7, 31–37 (Bíblia Catalana Interconfessional,1993)

En aquests textos (Mc 7, 24-30 [l'exorcisme de la filla d'una dona estrangera, sirià-fenícia] i 31-37 [guarició d'un sord i tartamut]) se'ns relata la intervenció curadora de Jesús en un context de frontera, als afores del món jueu, en terres estrangeres.

És important que ens adonem de la importància de la geografia que ens indica Marc: vol que vegem que el que Jesús fa i ensenya el incloure als altres, als que estan més enllà del nostre cercle de pertinença. Això pot ser fàcil de dir, però és molt difícil d'acceptar quan l'experiència ens col·loca davant dels que són a la marginalitat. No és fàcil que els acceptem. No és la nostra reacció natural i, quan accedim, esperem que ells vinguin a nosaltres i se'ns semblin, perquè després s'integrin. Però Jesús actua d'una altra manera. Insòlita, sorprenent. Fins i tot sorprenent per a ell mateix (com ho mostra la interpel·lació de la dona sirià-fenícia).

La curació de l'home sord i tartamut (paraula giega mogilalon = amb dificultat per parlar) té alguna cosa d'espectacular per al lector: Jesús aparta al home, l’hi fica els dits a les orelles, l’hi posa saliva en la llengua (no explica el com) i aixeca els ulls al cel, sospira fort o dóna un gemec i diu "obre't!" (Effatá, en arameu, que era la llengua que parlava Jesús). Nosaltres, lectors del segle 21, hem de poder veure amb aquesta manera de curar-lo que Jesús trenca amb certs tabús: tocar-lo, quedar impur, aparèixer com només un curandero. Però també hem d'advertir que Jesús clama a Déu (elevar els ulls al cel) perquè s'obrin (Effatá) les orelles d'aquell home, perquè li penetri la paraula de Déu, que allibera amb poder.

El relat té certes referències implícites però clares. Primer amb el profeta Isaïes, que diu "Llavors es desclouran els ulls dels cecs, i les orelles dels sords s'obriran. Llavors el coix saltarà com cérvol i la llengua del mut cridarà de goig" (35, 5-6) i també, quan la gent diu de Jesús que tot ho ha fet bé, hi ha una gran similitud amb Gènesi 1:31 (en la versió grega, coneguda com LXX), on es relata que Déu, en acabar la creació el 6è dia mira totes les coses que ha fet i conclou que estan bé, són molt bones. És la manera com l'evangeli ens mostra que en Jesús esdevé realitat la promesa d'Isaïes i es realitza una nova creació, a partir d’allò que aquesta curació ens deixa veure.

Què ens queda de la curació realitzada per Jesús? Ens queda una marca que apunta cap a la inclusió de la gent marginada. Ens queda una acció de Jesús que ens fa una empenta a comprometre'ns amb aquesta gent al punt de embrutar-nos. Ens queda un crit de Jesús: "Obre't!", En la seva mateixa llengua materna (Effatá!!), que ens demana obrir-nos a l'evangeli, a la paraula que allibera de tots els lligams, que ens allibera de la tartamudesa, de la dificultat que tenim per donar testimoni del poder de l'evangeli.

Dr. Víctor Hernández Ramírez
Psicòleg. Pastor de l'Església Evangèlica Espanyola



 Comentario bíblico interconfesional. Domingo 9 de septiembre de 2018

Mc 7, 31-37

31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis. 32 Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. 33 El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua. 34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = «Effatá», que quiere decir: «¡Abrete!»

35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. 37 Y se maravillaban sobremanera y decían «Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.» Marcos 7, 31 – 37 (Biblia de Jerusalén, 1976)

En estos textos (Mc 7, 24–30 [el exorcismo de la hija de una mujer extranjera, sirio–fenicia] y 31–37 [curación de un sordo y tartamudo]) se nos relata la intervención curadora de Jesús en un contexto de frontera, en las afueras del mundo judío, en tierras extranjeras.

Es importante que advirtamos la importancia de la geografía que nos indica Marcos: quiere que veamos que lo que Jesús hace y enseña incluye a otros, a quienes están más allá de nuestro círculo de pertenencia. Esto puede ser fácil de decir, pero es muy difícil de aceptar cuando la experiencia nos coloca ante quienes están en la marginalidad. No es fácil que les aceptemos. No es nuestra reacción natural y, cuando accedemos, esperamos que ellos vengan a nosotros y se nos parezcan, para que luego se integren. Pero Jesús actúa de otra manera. Insólita, sorprendente. Incluso sorprendente para el mismo (como lo muestra la interpelación de la mujer sirio–fenicia).

La curación del hombre sordo y tartamudo (palabra giega mogilalon = con dificultad para hablar) tiene algo de espectacular para el lector: Jesús lo aparta, le mete los dedos en los oídos, le pone saliva en la lengua (no explica cómo) y levanta los ojos al cielo, suspira fuerte o da un gemido y dice “¡ábrete!” (effatá, en arameo, que era la lengua de Jesús). Nosotros, lectores del siglo 21, hemos de poder ver con esa manera de curarlo que Jesús rompe con ciertos tabúes: tocarlo, quedar impuro, aparecer como un mero curandero. Pero también hemos de advertir que Jesús clama a Dios (elevar los ojos al cielo) para que se abran (effatá) los oídos de aquel hombre, para que le penetre la palabra de Dios, que libera con poder.

El relato tiene ciertas referencias implícitas pero claras. Primero con el profeta Isaías, que dice “Entonces se despegarán los ojos de los ciegos, y las orejas de los sordos se abrirán. Entonces saltará el cojo como ciervo y la lengua del mudo lanzará gritos de júbilo” (35, 5–6) y también, cuando la gente dice de Jesús que todo lo ha hecho bien, hay una gran similitud con Génesis 1:31 (en la versión griega, conocida como LXX), donde se relata que Dios, al terminar la creación el 6º día mira todas las cosas que ha hecho y concluye que están bien, son muy buenas. Es la manera como el evangelio nos muestra que en Jesús se cumple la promesa de Isaías y se realiza una nueva creación, a partir de lo que esa curación nos deja ver.

¿Qué nos queda de la curación realizada por Jesús? Nos queda una marca que apunta hacia la inclusión de la gente excluida. Nos queda una acción de Jesús que nos compele a comprometernos con esa gente al punto de ensuciarnos. Nos queda un grito de Jesús: “¡Ábrete!”, en su misma lengua materna (Effatá!!), que nos pide abrirnos al evangelio, a la palabra que libera de todas las ataduras, que nos libera de la tartamudez, de la dificultad que tenemos para dar testimonio del poder del evangelio.

Dr. Víctor Hernández Ramírez
Psicólogo. Pastor de la Iglesia Evangélica Española