dissabte, 22 de setembre de 2018

Diumenge 25 de durant l'any - 23 de setembre de 2018



MARCOS, 9:30/37
Jesús enseña sobre el reino y vuelve a anunciar su muerte, 9:30–32

Jesús continúa su camino por Galilea. No es de extrañar el interés por parte de Jesús de que no se sepa que se encuentra en la zona, pues ya es muy conocido.
Jesús está más interesado en la formación de sus discípulos, pues siendo los más próximos a él, no acaban de aceptar el anuncio del sufrimiento y muerte como vías para el cumplimiento escatológico del propósito divino.
Además, acaban de fracasar en el intento de sanar a un joven endemoniado, debido a su falta de fe y oración. Así esta es una nueva oportunidad para seguir enseñando a sus discípulos, recuperando los énfasis en su pasión, muerte y resurrección, surgidos ya en la discusión con Pedro, tras confesar a Jesús como Mesías y la trasfiguración.
Las palabras de Jesús subrayan el sufrimiento del Hijo del Hombre, su muerte, y su resurrección.
La figura del Hijo del Hombre, según Dan. 7:13/14, los discípulos no tienen problema en aceptarlo.
Pero su padecimiento, según Isaías 53, se convierte en un gran problema, porque el Hijo del Hombre será llevado a la muerte por hombres, no los líderes religiosos o de los gentiles sino de hombres en general, que no han alcanzado a entender ni aceptar su mensaje.
Los discípulos no consiguen aceptar que todo esto sea parte del plan preordenado por Dios para alcanzar su objetivo final, establecer su reinado en la tierra.
Lo que crea un problema no es la comprensión en sí del hecho de que Jesús sería muerto, sino la aceptación de esta realidad que rompe con todas las ideas preexistentes acerca del carácter del Mesías.
Posiblemente los discípulos recuerden la reacción de Jesús con Pedro cuando le dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! (Mr. 8:33), debido a su intento de reconvenirle por sus palabras sobre su sufrimiento y muerte.
Así es que callan tras el nuevo anuncio de su muerte. Tienen miedo.
Es el resultado de la situación espiritual y emocional de los discípulos que son incapaces de asumir el mensaje de Jesús, mostrando corazones endurecidos (6:52; 8:17) y sin entendimiento (8:21).
Probablemente temen el enfado de Jesús, conscientes de que es el momento para ellos de aceptarlo.
En conexión con este tema hay una enseñanza sobre lo que significa ser discípulo de Cristo.
Jesús enseña a sus discípulos que él es el Mesías, cuya verdadera misión consiste en sufrir y morir por su pueblo. El hombre no puede, bajo ninguna circunstancia modificar el plan que fue diseñado desde el cielo para la salvación de los pecadores.
Quién es el más importante, 9:33–37
El segundo anuncio de su pasión, muerte y resurrección (9:31) ha provocado miedo en los discípulos y les ha llevado a mantener una cierta distancia de él en el camino hasta llegar a Capernaúm.
Esta es la ciudad de Pedro, Andrés, Jacobo y Juan. Pero al llegar a la casa, probablemente la de Pedro (1:29; 3:19), Jesús muestra que conoce de qué han estado discutiendo entre ellos y les pregunta sobre el motivo de la discusión.
Son varios los motivos que han podido dar origen a la discusión entre los discípulos durante el camino.
Por ejemplo, la experiencia de la transfiguración fue vivida tan solo por tres discípulos privilegiados escogidos por Jesús (Pedro, Jacobo y Juan), quedando los demás al margen. Además, las enseñanzas acerca de la muerte de Jesús, por más que no fueran aceptadas de buena gana por los discípulos, van haciendo mella en ellos, por lo que se plantearía el tema de la sucesión en el liderazgo al frente del grupo.
El caso es que los discípulos se disputan entre ellos el liderazgo del grupo, intentando identificar al más importante.
Es curiosa la coincidencia de que en esa misma casa, asumiendo que es la de Pedro, se den dos situaciones relacionadas tan diferentes. La primera, tras la sanación de la suegra de Pedro por parte de Jesús, esta se pone a servirles (cf. 1:31), es decir, acepta un papel humilde y de servidumbre; la segunda, en este relato, la discusión versa sobre quién habrá de ocupar el primer lugar, en el grupo.
La primera lleva la relación con Jesús a una actitud agradecida y de servicio; la segunda, plantea una actitud competitiva y de ambición.
Marcos en dos ocasiones menciona que toda esta discusión se da en el camino, es interesante señalar el contraste entre el camino de Jesús, quien siendo el Mesías se dirige a la cruz, y el camino de los discípulos, que les lleva a buscar ser uno de ellos el primero, el que lidere.
Es otra circunstancia más en la que muestran sus reticencias a seguir el camino de Jesús, marcado por el negarse a sí mismo, la cruz y el seguimiento (8:34).
A pesar del silencio de los discípulos ante la pregunta, Jesús sabe el motivo de su disputa. Por ello se sienta, postura habitual de un maestro para enseñar, y les sentencia que para llegar a ser el primero hay que ser el último de todos y siervo de todos; que la humildad es mejor que la altivez; porque siempre es mejor que sean otros los que reconozcan la valía de una persona, a que sea ella misma quien se autopromocione.
Jesús evidencia la inversión de valores propio del reino de Dios, que alcanza sus objetivos por caminos contrarios a los de los hombres.
Es una enseñanza que coincide plenamente con la propia implantación del reino de Dios, que no pasa por la llegada de un rey poderoso que conquista y doblega a sus enemigos, sino que se ha acercado por medio del Mesías de Dios que alcanzará su propósito por medio del sufrimiento y de la cruz.
Jesús no acepta la búsqueda del lugar más importante entre ellos, quiere mostrarles de manera pedagógica y gráfica la forma de ser y actuar en el reino de Dios, que contraviene todas las expectativas de los discípulos, que invierte los valores socialmente aceptados, apreciando lo que otros menosprecian.
Jesús afirma que si alguno quiere ser grande, debe estar dispuesto a servir. Y esto no es algo teórico, conceptual, sino real, definitivo.
Para ello toma a un niño y lo pone en medio de los discípulos. El gesto afectivo de tomar al niño en sus brazos se podía interpretar incluso como un gesto de adopción.
Algunos se han preguntado quién es ese niño, e incluso han llegado a plantear si es hijo de Pedro, asumiendo que están reunidos en su casa. (?)
Lo cierto es que Jesús toma como muestra para su enseñanza a un niño, que en aquel tiempo era considerado de escaso valor, a veces, incluso, abandonado.
El término griego empleado aquí también puede significar esclavo, lo cual incide en la referencia en la época a personas poco estimadas.
Este es el ejemplo presentado por Jesús. Sus discípulos deben acoger a esos niños que son rechazados, no solo en un sentido metafórico, sino también literal, algo que fue una práctica común en la iglesia primitiva, especialmente acogiendo y cuidando de los huérfanos.
Pero más allá de la propia aceptación y cuidado de los niños, Jesús está invitando a sus discípulos, preocupados por ocupar posiciones de privilegio, a mostrar verdadero interés por los desfavorecidos, por los marginados y necesitados, y esto solo es posible si la comunión, la identificación con Jesús es total.
De ahí que la exhortación sea a recibir a alguien como ese niño en su nombre, en el nombre de Jesús, es decir, como si Jesús mismo lo estuviera haciendo.
La imagen adquiere mayor fuerza cuando Jesús afirma que quien actúa de esta manera, le está recibiendo a él mismo, en un ejemplo de identificación con los más necesitados y desfavorecidos.
Cada vez que reciben a un niño, a un marginado, a Jesús reciben. El énfasis final es mayor, si cabe, porque recibiendo a Jesús reciben al que le envió (8:31; 9:12).
Cuando reciben a un niño, reciben a Dios mismo.

Pastor Miquel García Angosto





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