dissabte, 8 de desembre de 2018

Diumenge 2 d'Advent - 9 de desembre de 2018



Un mensaje de esperanza, para hoy, de parte de Dios

Texto: Evangelio de Lucas, cap. 3,1-6.
1 El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, Herodes virrey de Galilea; su hermano Filipo, virrey de Iturea y Traconítida, y Lisanio, virrey de Abilene, 2 bajo el sumo sacerdocio de Anas y Caifas, le llegó un mensaje de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto.
3 Recorrió entonces toda la región del Jordán proclamando un bautismo, en señal de arrepentimiento, para el perdón de los pecados, 4 como está escrito en el libro del profeta Isaías:
Una voz grita desde el desierto: Prepárenle el camino al Señor, enderecen sus senderos; 5 que los valles se rellenen, que los montes y colinas se abajen; que lo torcido se enderece, lo accidentado se iguale. 6 Y todos verán la salvación de Dios. (Is 40,3-5)

Nos adentramos a este segundo domingo de adviento, reflexionando sobre un texto del evangelista Lucas. En el capítulo 3 se nos habla de Juan bautista y los antecedentes del ministerio público de Jesús. Esta Escritura es muy interesante porque nos ofrece tres claves para entender la naturaleza del mensaje del evangelio. Ya hemos dado una pista en el título del comentario. Pero vamos a desarrollar esta idea un poco más a continuación.

En primer lugar, Lucas nos dice que el mensaje del evangelio se enmarca en un tiempo, en una época. El evangelio, en cuanto palabra de salvación, siempre está ubicado en una realidad histórica. Las palabras del evangelio, para ser mensaje de salvación, tienen que responder a la realidad concreta de las personas que las escuchan. Lucas nos habla de una época concreta. El momento en que mandaban Tiberio, Poncio Pilato, Herodes, Filipo, Anás y Caifás. Así como el mansaje transmitido en ese momento fue relevante para aquella época, debemos intentar contextualizar y actualizar nuestra predicación. No podemos predicar las mismas frases o compartir los mismos conceptos que hace quinientos o mil años. No se predicará de la misma forma en una favela brasileña, una aldea africana o una ciudad europea. La necesidad de Dios de Dios es la misma. Pero el contexto es diferente. Y nosotros, como comunicadores de un mensaje vital, debemos tener muy presente la necesidad de compartir este mensaje de forma que sea histórica y culturalmente relevante.

En segundo lugar, este texto nos dice que el evangelio es palabra de Dios que “viene al ser humano”: lit. “le llegó un mensaje de Dios a Juan”. Y este punto es importante porque nuestro mensaje, aunque esté contextualmente adaptado a los oídos de los hombres y mujeres de hoy (y de aquí), no es nuestro. Es un mensaje que hemos recibido de parte de Dios para encarnarlo y compartirlo con las personas. Esto implica humildad (no nos predicamos a nosotros mismos) e implica responsabilidad (es el mensaje más importante que la gente necesita escuchar). En este tiempo de preparación para la navidad, debemos hacer hincapié en transmitir este mensaje que hemos recibido y que la gente necesita oír y comprender.

En tercer y último lugar, el evangelio de Dios, siempre es una palabra retadora (que nos interpela) y esperanzadora, que nos motiva y fortalece a seguir adelante: “todos verán la salvación de Dios” (v. 6). Los creyentes, en muchas ocasiones, hemos usado la Biblia como “arma arrojadiza” contra los que piensan, creen o viven diferente. Pero el texto de esta semana nos recuerda que el evangelio siempre es una palabra de alegría y de esperanza (buena nueva). El Dios del que predicamos no es un extraño ser enfadado con la humanidad y deseoso de castigarnos. Dios, el Padre de Jesús, desea ser nuestro Padre y nos invita a experimentar la vida desde el amor, la alegría y la esperanza. Estoy convencido que, si los creyentes vivimos este mensaje de alegría y esperanza (sobre todo estas fechas tan señaladas), aquellos que nos escuchar (y que pueden estar “lejos”), se acercarán a Dios y verán y experimentarán la salvación.    

Pastor Nelson Araujo

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